Roger Rumrrill, comenta que las tierras de las comunidades nativas son usadas para extraer madera depredando la Amazonía.

Las más de mil Comunidades Nativas (CCNN) de la Amazonía Peruana con sus 12 millones de hectáreas de bosques todavía ricos en caoba, cedro, cumala, lupuna y otras especies forestales son el nuevo “El Dorado” de las empresas madereras en nuestro país.

De acuerdo a cifras oficiales, de las 500 concesiones forestales otorgadas por la Ley 27308 promulgada el 16 de julio del 2000 solo están operativas el 30 por ciento. Las demás han sido declaradas en situación de caducidad por varias causas: problemas técnicos y financieros por falta de apoyo del Estado; se detectaron sembríos de coca debajo del bosque; algunos concesionarios inventaron las cifras de su Plan General de Manejo Forestal (PGMF) y sobre todo de sus Planes Operativos Anuales (POA), falseando información sobre el stock maderable, entre otras irregularidades.

Sin embargo, pese a que no hay extracción autorizada en el 70 por ciento de concesiones, el flujo de extracción y producción de madera tanto para el consumo nacional como para la exportación sigue igual o ha crecido. Por una sencilla razón: la gran mayoría de los madereros han optado por alternativas fáciles y muy rentables y de poco costo: hacerse cargo de todo el proceso de titulación de una CCNN a cambio de la riqueza de su bosque, tramitar y apoderarse de los permisos de aprovechamiento forestal otorgado a las CCNN en zonas donde no hay concesiones como en el Purús, extracción en predios de propiedad privada y bosques locales.

Hay permisos que reportan una producción de 40 a 50 metros cúbicos de madera por hectárea. En la realidad es imposible. El bosque amazónico produce como promedio de 5 metros cúbicos de madera por hectárea. Solo en el bosque africano o en una hectárea del Sequoia National Park, en Estados Unidos, donde crece el secoya “Sherman tree”, con 2 mil años de edad, 83 metros de altura, 11 metros de diámetro en la base y 1486 metros cúbicos de madera es posible ese alto nivel de producción y productividad.

NUEVA ESPERANZA

La CCNN de Nueva Esperanza ubicada en el río Yavarí-Mirím en la Provincia de Ramón Castilla, en la llamada “Triple Frontera” (Perú, Brasil y Colombia” es posiblemente el mayor y mejor ejemplo de cómo las CCNN de la Amazonía son hoy las auténticas minas de oro de los extractores de madera en el Perú.

La CCNN de Nueva Esperanza es la historia más reciente de los ciclos extractivos en la Amazonía: en los cincuenta se instaló allí el empresario de Iquitos Joaquín Abensur Araujo para extraer leche caspi y shiringa. En las décadas del sesenta y setenta se intensifica el ciclo de la extracción de pieles de animales silvestres, extracción de cedro y del aromático palo de rosa.

Pero el año 2000, en los días agónicos del fujimontesinismo, la ley 27308 intenta ordenar el caótico sistema forestal peruano e instalar un nuevo régimen para el aprovechamiento forestal en la Amazonía mediante las concesiones forestales que alcanzan su apogeo en el año 2004. El Yavarí-Mirím es invadido por madereros y concesionarios vecinos a Nueva Esperanza.

Fueron precisamente en los años 2003 y 2004 en que instituciones como el Field Museum, el Parkwacht, CIMA y la Wildlife Conservation Society (WCS) revelan en sus informes científicos que la zona es un verdadero banco genético y sugieren y recomiendan, en acuerdo con las autoridades peruanas, crear la Zona Reservada del Yavarí. Pero ni el ex INRENA ni el SERNANP de hoy concretaron la propuesta, dando lugar en la práctica a declarar al área zona reservada para los extractores de madera y caza de animales silvestres.

En el año 2009 Nueva Esperanza inicia las primeras gestiones para su titulación, solicitando un área de 204,493 hectáreas entre los ríos Yavarí y Mirím. Se hace cargo de la gestión Teodulfo Palomino Ludeña, empresario maderero vecino de la Comunidad. En este espacio estratégico de la llamada “Triple Frontera” (Perú, Brasil y Colombia) están los pueblos de Islandia, Leoncio Ramírez y Petrópolis, en la desembocadura del Yavarí, con 8 aserraderos con maquinaria de última generación y que compran madera para la exportación.

De acuerdo al acta de la asamblea general extraordinaria del 11 de setiembre de 2010, de las páginas 49 a la 56, libro de actas número 1, la CCNN de Nueva Esperanza acordó por unanimidad “nombrar como apoderado a don Teodulfo Palomino Ludeña, peruano, soltero, identificado con DNI 28603322 para que actuando en nombre y representación de la Comunidad Nativa Nueva Esperanza del Mirím-Río Yavarí pueda realizar los siguientes actos…”.

Merced a este documento, inscrita en los registros públicos, Palomino es dueño y señor de Nueva Esperanza. Puede hacer y deshacer con la riqueza de este pueblo. Porque la Dirección Regional Agraria de Loreto, adscrita al Gobierno Regional de Loreto (GOREL), que compite en materia de corrupción con Ancash, Ayacucho y Tumbes, según el Poder Judicial y la Comisión de Fiscalización del Congreso, le ha cedido en uso a la CCNN la extensión superficial de 96,531 hectáreas con 5,449.07 metros cuadrados de tierras con aptitud forestal. Cesión en uso por tiempo indefinido, según reza el documento.

Inmediatamente, tal como era previsible, se le ha aprobado a Nueva Esperanza, mejor dicho a Teodulfo Palomino Ludeña, su PGMF y POA y se le autorizó extraer a nivel de “Alta Escala” en la zafra 2013-2014 la friolera de 15, 256.310 metros cúbicos de madera rolliza, es decir, nada más ni nada menos que 2,345 árboles de 22 diferentes especies forestales. De ellos, 178 son árboles de cedro. ¿Cuánta madera ya salió de la CCNN de Nueva Esperanza en años anteriores al primer POA? La CCNN no lo sabe. Lo saben los extractores anteriores y ahora Palomino y el empresario exportador de madera para quién trabaja. Él es solo un prestanombre.

El sistema de trabajo para la extracción de la madera en Nueva Esperanza y sus siete CCNN anexas es, como en hace cien años en la época del caucho, de habilitación, o sea, precapitalista y semiesclavista. Todos los comuneros están endeudados hasta el cuello porque tienen que pagar por la titulación de su comunidad y por los productos que el maderero les vende a precios altísimos para ser pagados con madera.

ESTADO TESTAFERRO

Este oprobioso sistema de explotación social y ambiental no podría existir sin la complicidad del Estado y otros agentes y operadores. Uno de estos operadores es la Dirección Regional de Agricultura de Loreto que está intentando convencer a los comuneros que acepten realizar plantaciones de palma aceitera para biocombustibles, haciendo de testaferros del Grupo Romero.Por otro lado, DEVIDA está apoyando la titulación de CCNN en Loreto, aunque muchos sospechan que más bien está ayudando a la reelección de Iván Vásquez Valera, aliado del humalisno.

Pero Palomino está felizporque fue premiado por el Programa Regional de Manejo de Recursos Forestales con un viaje al Brasil como uno de los mejores concesionarios forestales y defensor de la naturaleza porque ha prohibido la cacería de monos en Nueva Esperanza. Aunque los pobres monos de todos modos no podrán sobrevivir porque su hábitat está siendo arrasado por la voracidad extractivista de la economía global y de la supuesta modernidad del siglo XXI.

Mientras toda esta tragedia social y ambiental ocurre en la remota Amazonía, el siempre sonriente y locuaz, pero mudo ante el drama amazónico, el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal, ha celebrado el 22 de este mes con bombos y platillos y en un lujoso hotel de Lima el Día Mundial de la Biodiversidad.