Juan Luis Dammert B.

En varias notas periodísticas recientes se ha señalado que Nadine Heredia recibió un importante monto de dinero por un estudio sobre el aceite de palma. El tema, sin embargo, no es nuevo. El 18 de enero de 2010, Peru 21 señalaba que “el fiscal especializado Eduardo Castañeda enviará, por tercera vez, una carta rogatoria al consulado de Perú en Malasia para recoger la declaración del empresario Arturo Belaunde Guzmán – padre de Martín Belaunde– quien habría pagado a Heredia US$51,840 por un estudio sobre el uso del aceite de palma”.

Es necesario recordar, muy brevemente, qué está pasando con la palma aceitera en el Perú y qué tiene que ver Malasia en el asunto. De acuerdo con el Plan Nacional de Palma Aceitera 2000 – 2010, al año 2000 había 14,667 hectáreas de palma aceitera sembradas en el Perú. Para el 2013 el número subió a 60,000 hectáreas y había en trámite al menos 100,000 hectáreas adicionales, sobre todo en Ucayali y Loreto. Estos proyectos en trámite pertenecen principalmente a dos grupos económicos: el Grupo Palmas (del Grupo Romero, principal productor de palma en el país) y un grupo nuevo en el país, liderado por Dennis Melka y que ha creado trece compañías distintas para tramitar estos proyectos, como informó en setiembre de 2013 IDL Reporteros. En Malasia, Dennis Melka es cofundador y Director Ejecutivo de Asian Plantations Ltd, empresa dedicada a la producción de palma aceitera, creada en el 2008 y desde entonces Melka es su director ejecutivo. El logo de esta empresa es el mismo que el de todas las razones sociales que Melka ha creado en el Perú.

Malasia es el segundo principal productor de palma aceitera en el mundo, siguiendo de cerca a Indonesia. Entre ambos países producen más del 80% de la producción mundial. Hay, sin embargo, escasez de tierras en el Sudeste Asiático, por lo que la industria se está expandiendo con fuerza a África y América Latina. La Amazonía peruana reúne aptitud para el cultivo (el Plan Nacional de Palma Aceitera habla de 1’400,000 hectáreas aptas, aunque esta cifra es discutible), hay abundantes bosques cuyo propietario es el Estado (es decir, son patrimonio de la Nación), existe una ventana legal para su venta (a través del DL 653, aunque regulado también por otras normas como por ejemplo la Ley Forestal y de Fauna Silvestre), está creciendo la infraestructura vial en la selva, la región ha sido pacificada, etc. Es decir, la Amazonía peruana es atractiva para una expansión global como la que estamos presenciando. Desde aproximadamente el año 2007 existían rumores de empresas malayas (Kausar Corporation, Sime Darby) haciendo gestiones en el Perú a través del ministerio de Relaciones Exteriores en el marco de la APEC, y en algunos casos directamente con gobiernos regionales. Estas no prosperaron, hasta donde se conoce, sino que fueron las empresas de Melka las que ya están operando en el terreno.

En Loreto, una de estas empresas –Cacao del Perú Norte SAC, antes denominada Plantaciones de Loreto Sur SAC– se ha visto involucrada en el 2013 en un escándalo por deforestación sin autorización del Gobierno Regional en la zona de Tamshiyacu, como ha sido documentado por el diario “La Región” a lo largo del 2013 y como ha señalado IDL Reporteros. En el caso de Ucayali, las actividades de este grupo económico han generado también denuncias al anterior director regional de agricultura por ventas irregulares de terrenos.

La palma aceitera está asociada al cambio de uso de suelos (entiéndase deforestación) en gran escala, pero en general, salvo investigaciones específicas (como las de IDL Reporteros o la Sociedad Peruana de Ecodesarrollo), este tema ha pasado relativamente desapercibido en el Perú. Pero el tema crece a un ritmo sin precedentes y con una impunidad que, lamentablemente, es muy común en el país.

Personalmente, no tengo ninguna información sobre el rol de la señora Heredia en este sector ni conozco si existe alguna vinculación de su parte con empresas malayas. Debo confesar, eso sí, que me da mucha curiosidad leer un estudio sobre palma aceitera valorizado en más de 50 mil dólares. Desde hace ya varios años, los estudiosos y activistas ambientalistas que hacemos seguimiento al desarrollo de esta industria en el Perú vemos con alarma su crecimiento acelerado, a costa de bosques primarios y secundarios. Tal vez el estudio de Nadine dé algunas luces al respecto. Sería ideal que este se haga.