Los líderes, las autoridades normativas y los profesionales del desarrollo a menudo temen que las políticas bien intencionadas concebidas para mejorar la vida de sus comunidades no generen los efectos deseados.

La comunidad internacional del desarrollo ya no debería preguntarse: “¿Cuál es la política adecuada?”, sino más bien: “¿Qué es lo que hace que las políticas contribuyan a mejorar la calidad de vida de las personas?”. La respuesta, según el Informe sobre el desarrollo mundial de este año, es la gobernanza, entendida como la manera en que los Gobiernos, los ciudadanos y las comunidades interactúan para diseñar y aplicar las políticas.

Este informe se da a conocer en un momento en que el crecimiento y la productividad mundiales siguen disminuyendo, lo que limita los recursos disponibles para ayudar a los más pobres y vulnerables del mundo. No obstante, las demandas de la población en lo que se refiere a servicios, infraestructura e instituciones justas continúan aumentando. Dadas las restricciones que pesan sobre los presupuestos públicos y la asistencia para el desarrollo, es imprescindible que los recursos se utilicen con la mayor eficiencia posible. Esto puede lograrse aprovechando el financiamiento y la competencia de las empresas privadas, trabajando aún más estrechamente con la sociedad civil y redoblando los esfuerzos en la lucha contra la corrupción, uno de los principales obstáculos al desarrollo eficaz y duradero.

Sin embargo, para coordinar los esfuerzos de este conjunto diverso de grupos es necesario definir claramente las funciones y responsabilidades de cada grupo, y contar con reglas eficaces que permitan lograr acuerdos y mantenerlos. Si no se presta mayor atención a la necesidad de fortalecer la gobernanza, los objetivos del Grupo Banco Mundial de poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad compartida, así como la visión transformadora plasmada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de carácter más amplio, serán inalcanzables.

A partir de amplias consultas e investigaciones realizadas en muchos países durante los últimos 24  meses, en este informe se hace hincapié en la importancia del compromiso, la coordinación y la cooperación, las tres funciones básicas necesarias para garantizar que las políticas generen los resultados  previstos. Asimismo, se ofrece un marco útil para abordar y resolver los desafíos a los que se enfrentan nuestros asociados. Específicamente, se analiza de qué manera puede lograrse que las políticas destinadas a incrementar la seguridad, el crecimiento y la equidad sean más eficaces, abordando para ello los factores subyacentes de la gobernanza. 

Adoptando una perspectiva que va más allá de los problemas de implementación tradicionales, como la capacidad limitada del Estado, se lleva a cabo un análisis más profundo para entender cómo individuos y grupos con distintos grados de poder e influencia negocian las opciones de políticas, la distribución de los recursos y las formas en que ellos mismos pueden modificar las reglas. 

Como muestra el informe, el cambio positivo es posible. Si bien las iniciativas de reforma deben ser impulsadas por los grupos locales, la comunidad internacional puede jugar un papel activo a la hora de respaldar estos esfuerzos. En particular, debemos garantizar que, en el futuro, nuestra asistencia para el desarrollo fomente la dinámica fundamental que promueve un desarrollo más eficaz y sostenible.

* Prólogo de Jim Yong Kim, Presidente del Grupo Banco Mundial